EL ANDREION

Quieran tus dioses y los míos
que Amor nos alimente el vientre.
No hay ser más afortunado
que aquel que bebe en unos labios
a un dios enamorado y a su sangre.
(De "Ecbatana", 1998)

BITÁCORA DEL ESCRITOR ESPAÑOL JUAN GARCÍA LARRONDO.

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sábado, 13 de diciembre de 2014

ENTREVISTA A GARCÍA LARRONDO EN "EL ESPECTÁCULO TEATRAL" TRAS EL PREMIO A SU OBRA "AGOSTO EN BUENOS AIRES"

Portada original de "Agosto en Buenos Aires" diseño de José Díaz Cardero

Juan García Larrondo recibió recientemente en Madrid el IX premio 'El Espectáculo Teatral' por su comedia “Agosto en Buenos Aires”,  en un acto enmarcado dentro del XV Salón Internacional del Libro Teatral que contó con la presencia del propio autor, de Miguel Ángel de Rus, director de Ediciones Irreverentes, del director del Teatro Español Juan Carlos Pérez De La Fuente y del dramaturgo Pedro Víllora, que hizo entrega del premio al escritor gaditano.

Juan Carlos Pérez de La Fuente, Pedro Víllora, Juan García Larrondo y Miguel Ángel de Rus
durante la entrega del premio en Madrid.

Con motivo de la entrega de este galardón y coincidiendo con la nominación de García Larrondo como finalista del IV Premio Andalucía de la Crítica en su modalidad de Teatro por su obra “Celeste Flora”, la revista “El Espectáculo teatral”, entidad convocante del concurso, le ha realizado al dramaturgo la siguiente entrevista:

P.-¿De qué trata Agosto en Buenos Aires?

R.- Es una comedia de enredo -clásica en estructura pero creo que innovadora en su argumento- que narra la historia de una pareja de chicos que ponen su casa en alquiler, antes de marcharse durante un mes al Río de La Plata. Casualidades de la vida, son dos argentinas –madre e hija- quienes alquilan finalmente la vivienda. Por un cambio de última hora, los hombres deben suspender el viaje y, a regañadientes, acaban decidiendo convivir los cuatro juntos en el piso durante el mes de agosto. Lo que, al principio, parece ser una experiencia divertida, de intercambio cultural entre dos mundos diferentes, en realidad, termina convirtiéndose en una pesadilla. La madre, una olvidada diva de la ópera con poderes paranormales y de ideas bastante retrógradas, hace uso de sus malas artes para conseguir que uno de los chicos se enamore, mediante hechizos, de su hija, que, además, acaba de quedarse embarazada de un alto cargo del gobierno de Argentina. Todo se complica cuando los antepasados de la matriarca se le aparecen desde la ultratumba para tratar de frenar el aquelarre y recordarle las cuentas pendientes que mantiene, no ya solo con los vivos, sino también con sus familiares fallecidos. En realidad, es un melodrama que se mueve entre dos mundos, entre lo cómico y lo trágico, entre lo real y lo esperpéntico, pero, en el que, al final, todos acabarán comiendo perdices, cada cual en el mundo que le pertenece, aunque sea distinto del que se esperaba.

García Larrondo en un momento de la entrevista para la web "Conocer al Autor". Foto: Carlos Sánchez

P.-¿Cómo nació esta obra?

R.- Al principio como reacción o, incluso, como poética venganza. Nunca he ocultado que mi biografía se desangra más de lo debido en casi toda mi obra literaria. Confieso que, detrás de este palimpsesto, se transparenta un anhelo de hacer, en ficción, lo que la realidad a menudo me negaba. Me apetecía escribir una historia sobre hombres que se amaban y necesitaba que esa aventura acabara felizmente, cosa que no era muy habitual ni en el cine ni en el teatro de la época en que esbocé la primera versión del texto, más o menos a mediados de los 90. Tampoco es que ahora esto sea un cuento de hadas. Pero, a veces, es preferible reírse un poco de este valle de lágrimas. Con ese anhelo la escribí aunque, en el fondo, creo que “Agosto en Buenos Aires” no ha dejado de ser nunca un drama de risa amarga.

 P.- Vista la obra con perspectiva, ¿no resulta curioso cómo ha cambiado la forma de ver la homosexualidad tras un paso de tiempo que –históricamente- podría considerarse breve?

R.- Siempre he preferido no poner adjetivos al amor y raramente suelo referirme con ese tipo de palabras al hablar de las personas del mismo sexo que se unen o se sienten atraídas por sus semejantes. Evito usar determinados términos de forma deliberada porque nunca me ha gustado darle nombre a los afectos, ni distinguirlos, ni amortajarlos bajo ninguna bandera. Lo que conocemos desde el siglo XIX como “homosexualidad”, en realidad, es solo un concepto reducionista y creado ex profeso para definir una “anomalía” que, en lo esencial, por el mero hecho de existir como término, es en sí peyorativo, diferenciador y exclusivista. Lo que sí que creo que han cambiado han sido las modas, las visiones e, incluso, la memoria. Ahora todo parece más “normal”, más visible, incluso más “moderno” y, qué duda cabe, al menos algunas sociedades avanzadas han dado pasos de gigante para garantizar que las minorías puedan ampararse en leyes y en derechos para protegerse de la barbarie, de la intolerancia y para poder escribir obras como esta sin que tenga que pasar absolutamente nada. Cuando escribí de nuevo “Agosto en Buenos Aires”, en el año 2013, tuve que modificar algunos pasajes que resultaban ya anacrónicos pero, si lo sopeso bien, solo en determinados aspectos formales. La “normalidad” que defendemos y el cambio verdadero solo dejará de ser superficial cuando podamos dejar de hablar sobre el tema como algo "excepcional" y no tengamos que justificar nada ante nadie. Como dice el refrán: el corazón tiene razones que la razón no “entiende”. Y ni falta que hace que las entienda.

Fotograma del film "Valentino" en el que el personaje, interpretado por Nureyev, se marca un tango con Nijinsky.
Ese fue el origen para el diseño de la portada del libro. 

 P.- Las mujeres de esta obra son muy peculiares. Especialmente en la relación que sostienen con los muertos. ¿Nos la explicas?

R.- Siempre me han dicho que en mis obras describo bien el universo femenino y que suelo construir personajes para mujeres que no parecen haber sido escritos por un hombre. Humildemente, creo que eso es también un convencionalismo. Mi ignorancia o mi sabiduría sobre las mujeres o los hombres son prácticamente idénticas. Intuyo, invento, hago ficción e imagino: eso es todo. Como antes explicaba, en mis textos intento huir constantemente de los tópicos de género, valga la semblanza de “Celeste Flora” como ejemplo. La mayoría de mis personajes son seres ambiguos, almas de piel fina y mutable. En “Agosto en Buenos Aires” es cierto, sin embargo, que hay algo “paródico” en los roles de Aurora y de Hiperbórea, como lo hay también en el resto del elenco masculino. Son estereotipos poco creíbles, máscaras; incluso sus motivaciones son meramente anecdóticas. El personaje de la madre, con poderes sobrenaturales, cantante de ópera venida a menos y, para colmo, de ideología reaccionaria, es pura pantomima: una impostura forzada para buscar la risa fácil. Su capacidad para hacer magia –o, en su caso, brujería- y para poder ver a los muertos es lo que realmente al final la salva. A ella y a la hija, pues ambas son clarividentes por estirpe. Aún así, tampoco es la primera vez que, en mi obra literaria, los muertos vuelven a la vida para salvarse -o para suicidarse y morir de nuevo- como en el caso de “Mariquita aparece ahogada en una cesta” o en “La cara okulta de Selene Sherry”. De hecho, Hiperbórea es hermana de Meteora, uno de los personajes principales de esas “Comedias Selektras” principalmente protagonizadas por mujeres en absoluto convencionales. Igual llevo toda mi vida escribiendo sobre “ángeles” y todavía no me he dado cuenta.

García Larrondo para "Conocer Al Autor". Foto: Carlos Sánchez.

P.-¿Cuáles son los requerimientos técnicos y de actores para representar Agosto en Buenos Aires?

R.- Los personajes protagonistas de la obra son cuatro hombres y dos mujeres. Luego hay varios roles secundarios que, de cara a su puesta en escena, quizás podrían ser interpretados por otros actores o, incluso, ser sustituidos por imágenes o por títeres. Salvo los pasajes de apariciones fantasmales, que son pocos, todo el argumento se desarrolla en el interior de una torre mirador de Cádiz. Un Cádiz, eso sí, utópico y de fantasiosas coordenadas. De hecho, me la imagino ambientada de una manera futurista, pero casi como en una de esas antiguas películas de ciencia ficción de los setenta. No creo que sea una obra que requiera ni de un montaje complicado ni de un gran despliegue de medios, como suele ser lo habitual en casi toda mi producción dramática, aunque sí precisaría necesariamente de una oportuna dramaturgia. Siempre me he mostrado absolutamente abierto a las propuestas de los directores o compañías que han escenificado cualquiera de mis textos. “Agosto en Buenos Aires” es un melodrama de tres actos, cómico a la par que trágico: una caricatura algo grotesca que rinde un secreto homenaje a ciertos sainetes de Pedro Muñoz Seca o de Arniches de los que también aprendí muchos elementos cruciales para la comedia. El reto es representarla con los ojos críticos de esta época conservando, al mismo tiempo, sus “buenos aires” pintorescos y festivos.

 P.-En la entrega del "Premio El Espectáculo Teatral" y la presentación de "Agosto en Buenos Aires" participaron Pedro Víllora y Juan Carlos Pérez de la Fuente. ¿Cómo viviste el momento?

Juan Carlos Pérez de la Fuente, Pedro Víllora y Juan García Larrondo durante el acto de entrega del libro.
Foto: David Rudilla.

R.- Sumamente emocionado, como no podía ser de otra forma. Para mi fue un honor y un regalo compartir mesa con profesionales de esa talla. Víllora, que fue el autor premiado en la edición del año pasado, me sacó los colores dedicándome unas hermosísimas palabras y, a Juan Carlos, fue un placer volver a reencontrármelo después de tantos años. Más que un premio, ha sido un regalo inesperado y en un momento muy especial de mi vida. Y me encantó que, al mismo tiempo, galardonaran también a Ediciones Irreverentes con el premio a la Mejor Labor Editorial del año. Cualquier reconocimiento a la obra de un creador supone un impulso, una toma de conciencia de que lo que haces puede gustar a otros. De hecho, en un momento dado, te facilita creer más en ti mismo. Todos necesitamos un empujón a nuestro trabajo para seguir dedicándonos a esto con ilusión y con ganas. Mi más sincero agradecimiento a cuantos me han permitido poder tocar un sueño cuando apenas lo esperaba.

Reunión de los autores editados por Irreverentes en el XV Salón Internacional del Libro Teatral en Madrid.
De izquierda a derecha: Ricardo Rodríguez, Juan Manuel Querejeta, Miguel Ángel de Rus con el galardón por la Mejor Labor Editorial a "Irreverentes", Blanca Poza Esperón, el autor premiado Juan García Larrondo, Julián Rodríguez, Juan Patricio Lombera, Olga Mínguez Pastor, Beatriz Cano Olmedo y Manolo Royo.
Foto cortesía de Juan Manuel Canero y AAT.

P.-¿En qué lugares ha sido representada tu obra? 

R.- Para ser un autor afincado en las provincias, mis textos han sido representados en sitios y espacios en los que jamás habría imaginado. Creo que he sido afortunado en ese sentido. Mi obra ha visitado festivales internacionales de Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay… y a muchos otros sitios de España, como Madrid o Barcelona. Pero, sobre todo, mi voz se ha escuchado profusamente en Andalucía gracias al trabajo de varias compañías. Si no “profeta”, sí que he tenido la posibilidad de ser “evangelista” en mi propia tierra y, algunas de mis creaciones, como “El Último Dios”, “Al Mutamid” o “Celeste Flora” han pisado multitud de teatros de todo el Sur. Con el Centro Andaluz de Teatro, por ejemplo, también llegué a colaborar frecuentemente en varios espectáculos colectivos como “Los siete pecados capitales” o adaptando la obra de Albert Camus “El estado de sitio” hace un par de años. Cuando otros profesionales del mundo escénico nos estrenan, en realidad, los autores perdemos el control de nuestras palabras. En ese sentido, he sido un dramaturgo bien tratado. Algo nada baladí, puesto que mi teatro no es del que sea fácilmente representable y, menos, en estos tiempos, donde los medios escasean, las funciones no pueden durar más de una hora y, para colmo, el elenco de actores y la escenografía deben caber, como me insiste Kiti Mánver, dentro de un coche para abaratar costes de gira. Puede que, tarde o temprano, los espectadores acaben cansándose de tanto monólogo y de tanto “microteatro” y vuelvan a producirse grandes dramas corales como los de antaño. Espero seguir en activo para entonces, por que aún tengo por ahí algún que otro “peplum” que estrenar con todo lujo de despilfarros.…

P.-Para quienes no te conozcan, como escritor de teatro, ¿qué autores pueden haberte marcado a la hora de crear tu estilo literario?

R.- Qué difícil responder. ¡Serían tantos! Principalmente Lorca, Valle, Calderón, Beckett, Koltés y, en general, todos los clásicos, desde Esquilo hasta Romero Esteo. Soy un autor muy influenciable y por cualquier tipo de género literario. Depende de la época, del momento en que un libro llegue a tus manos…Escritores como Marguerite Yourcenar, Borges, Unamuno, Poe, Teresa de Mello, Albert Camus, Brecht o, incluso, Agatha Christie o Julio Verne han sido cruciales en la forma en que he ido escribiendo algunas de mis obras literarias, no exclusivamente teatrales. El estilo aparece y desaparece, en ocasiones, y nunca deja de formarse hasta que llegamos a la obra póstuma. He tenido, además, la suerte y la desgracia de ser bibliotecario durante años. Suerte de poder elegir todo tipo de lecturas y desgracia de ver cuánto se escribe (puede que demasiado) y no tener años de vida suficientes para leerlo todo. Hoy en día, los escritores ya no recibimos ni tantas influencias de obras literarias anteriores ni tampoco de la Literatura, como nos pensamos. La televisión, el cine, Internet o las Redes Sociales son los nuevos anaqueles que consultamos, incluso nuestras herramientas. No hay tiempo ni espacio para procesar la sobredosis de información que recibimos. Los manantiales de creatividad empiezan a agotarse. Me asusta que perdamos inventiva, imaginación, que no estemos siendo originales y que, en el fondo, llevemos tiempo reescribiendo lo que otros ya escribieron antes y nuestra memoria se limite a lo que se compila en Wikipedia. Me encantaría que, de entre tanta lámpara maravillosa, saliese algún genio verdadero que no pasase de moda casi en el mismo instante.

Larrondo firmando un ejemplar de su obra para "Conocer al Autor".
Foto: Carlos Sánchez

P.-Aunque eres un autor multipremiado, vives lejos de la capital y eso puede influir en la forma de difundir tu obra teatral. ¿No crees que quizá habría que hacer algo institucionalmente para facilitar la difusión por toda España de las obras de los autores que vivís en la periferia?

R.- Por supuesto, pero ¿cómo? Recuerdo que, hace años, nos reunimos varios autores andaluces en la Sala Olimpia de Madrid para reivindicar, en un acto simbólico, nuestra presencia en los escenarios madrileños. Juan Carlos Pérez de La Fuente estaba allí con nosotros, precisamente. Tan solo en la capital, actualmente el número de dramaturgos en activo es incontable e, incluso, inasumible para los medios y espacios de que se disponen. A los que nos dedicamos a escribir también guiones televisivos nos pasa exactamente lo mismo. No hay series, ni trabajo, ni compañías para todos y, por otro lado, asistimos a un momento en que, además, convergen infinidad de autores jóvenes provenientes de las Escuelas de Arte Dramático de toda España con otros esteparios que crean a su albedrío y que vienen pisando fuerte y, por desgracia, los repertorios de dramaturgos de mi generación o de las anteriores, acaban olvidándose o quedándose obsoletos. Las obras teatrales ni se leen ni se editan: se amontonan en cajones, en comisiones de lecturas de los teatros públicos o en los correos electrónicos de las pocas y heroicas editoriales que sobreviven publicando textos dramáticos. Si, encima, no vives en Madrid, no te mueves por la Villa y Corte como pez en el agua o no eres un autor de moda, ¿cómo pretender que te estrenen sin tirar la toalla en el intento? Naturalmente que las instituciones estatales deberían compensar las ayudas a la creación, los estrenos y la difusión de los mismos descentralizando un poco sus ámbitos de actuación, pero no sabría con qué parámetros ni si sería proporcionalmente justo. Las “cuotas” obligatorias que se basan en criterios geográficos, autonómicos, de edad o, incluso, de género, me parecen un despropósito si van en detrimento del talento. Por otro lado, en este país, si no estrenas en las grandes ciudades, si no sales en la prensa nacional o si no estás bien relacionado en los ambientes teatrales, aunque poseas un gran don creativo, en realidad, ni siquiera existes. Es como una tómbola en la que muchos matarían por ser amigo de alguien que trabaje en la televisión o en alguna entidad cultural pública. La situación en la periferia es, si cabe, mucho más triste. En Andalucía, por ejemplo, que es una comunidad enorme donde sobrevivimos también como podemos otras decenas de autores, el bucle se repite: si tienes la suerte de estrenar o publicar algo en una localidad remota pero no se hacen eco de ello las hemerotecas de Sevilla, sigues siendo igual de invisible. Las instituciones están bloqueadas, paralizadas, sin presupuesto. La crisis lo ha parado todo y la inversión pública en cultura no parece reactivarse. Conozco a muchos profesionales y amigos que lo están pasando verdaderamente mal y, desgraciadamente, tanta adversidad no agudiza más el ingenio. Eso es una infamia. A veces me da hasta pudor confesar que, en mi caso, creo haber tenido un poco de más suerte. Yo no solo vivo en la periferia: vivo en la tangencia de todo, a cientos de kilómetros de la presentación de un libro, de un estreno aunque no sea mío, de una lectura dramatizada o de una mesa redonda con los compañeros de la Asociación de Autores de Teatro, por ejemplo. No trabajo ni más ni menos que cualquier otro dramaturgo de España, ni creo ser ni mejor ni peor que muchos. Pero, ante la vorágine y la realidad, lo mejor es no rendirse ni perder el equilibrio. Escribir es lo único que creo hacer más o menos bien y, para hacerlo, hay que perder algunos trenes o hay que llevarse el portátil viajando hasta Madrid o las Antípodas las veces que hagan falta. Es lo bueno y lo malo que tiene vivir de la farándula, que hay que saber pecar y hacer milagros al mimo tiempo.

Madrid, diciembre 2014

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"Agosto en Buenos Aires"

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García Larrondo lee en este vídeo un fragmento de su obra
"Agosto en Buenos Aires"


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