Mostrando entradas con la etiqueta Artículos Prensa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos Prensa. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de julio de 2025

En "Hablamos De Teatro" : JUAN GARCÍA LARRONDO, EL POETA DE LA ESCENA VIVA.

 


Conocer a Juan García Larrondo fue un regalo que me brindó el teatro en Castellón, en el Teatro del Raval, tras una función de Celeste Flora, obra que él mismo firmó y que fue presentada con la dirección de Enrique Guimerà e interpretada magistralmente por Rosa María Pérez y Carmina Leal. Juan se mostró con una serenidad profunda y una mirada que reflejaba la pasión y la entrega con la que construye su universo teatral.

Dramaturgo, poeta y fotógrafo, Juan García Larrondo ha dedicado más de treinta años a construir un teatro que interpela y conmueve, un teatro que va más allá de la mera representación para convertirse en un espacio de reflexión, memoria y emoción. Su voz, única y personal, ha sido reconocida en España y en el extranjero gracias a un amplio repertorio de obras que han marcado la escena contemporánea.

Entre sus textos más relevantes destacan El último Dios —con el que ganó el II Premio Internacional “Teatro Romano de Mérida” en 1989—, Noche de San Juan, La cara okulta de Selene Sherry, Agosto en Buenos Aires, Antífona a Santa Rita del colon irascible, Zenobia, Al Mutamid, Bendita Gloria y, por supuesto, Celeste Flora, que consolidó su prestigio y fue galardonada con el Segundo Premio “Kutxa- Ciudad de San Sebastián”, resultando finalista en el Premio Andalucía de la Crítica.

Un punto culminante en su trayectoria es la obra Mariquita aparece ahogada en una cesta, tragicomedia que ha sido celebrada por su irreverencia y valentía. Esta pieza, que desafía las convenciones del lenguaje y explora temas como la identidad y la libertad, le valió importantes reconocimientos, incluyendo el Premio “Marqués de Bradomín”, Mención Honorífica en el Premio Nacional Calderón de la Barca y el Speciale “Angelo Musco” en Sicilia, además de elogios en escenarios internacionales.

La obra de Juan García Larrondo ha sido representada en numerosos países como Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Portugal, Uruguay, Colombia, Chile o Venezuela, ha sido traducida a varios idiomas y reconocida con premios de peso como el "Irreverentes de Comedia", "El Espectáculo Teatral" o el "Alfred de Musset" de adaptaciones teatrales por su versión de "El estado de sitio" de Albert Camus.

Su dramaturgia se caracteriza por una sensibilidad lírica que dialoga con la memoria y la experiencia, una escritura que no teme abordar el dolor ni la complejidad de la condición humana con una mirada compasiva y profunda. En sus textos se percibe la influencia de grandes referentes como Lorca o Koltès, pero siempre desde un sello propio, fresco y original.

En tiempos en los que el teatro se enfrenta a múltiples retos, Juan García Larrondo mantiene viva la esencia de esta forma de arte como un espacio sagrado para la verdad, la belleza y la emoción auténtica. Su legado es una invitación permanente a la reflexión y a la sensibilidad, un faro para quienes creemos en el poder transformador de la palabra escénica.

Gracias, Juan, por tu valentía, por tu compromiso y por regalarnos un teatro que no solo se ve, sino que se siente y se recuerda.

Juananth Figueroa, actor. 

Publicado en Facebook, el 3 de julio de 2025. Enlace AQUÍ.  

+ INFO: www.juangarcialarrondo.com 


lunes, 17 de diciembre de 2018

CÁDIZ O LAS HESPÉRIDES

El estrecho de Gibraltar desde el faro de Punta Carnero
 "Adoro la provincia de Cádiz por multitud de razones y también por alguna que otra sinrazón que no sabría explicar, salvo con la voz y la marea bastante bajas. Me gusta su ubicación, la rosa loca de sus vientos, sus calmas y sus temporales, sus playas, especialmente cuando están desiertas, su naturaleza salpicada de lugares de belleza extraordinaria. Me gustan sus pueblos, sus ciudades, llenas de Historia y de historias. La luz cegadora de sus mañanas y la luz dorada de sus atardeceres. La luz de este sur del sur es absolutamente mágica, incluso mitológica: Desde la "Alejandría de Barrameda" donde desemboca el "Nilo" de Andalucía y los Tartesios adoraron a las bestias de Gerión, hasta las columnas donde Hércules vigilaba la entrada al Jardín de las Hespérides. Desde sus entrañas habitadas ya en épocas protohistóricas a sus templos paganos sumergidos sobre los que luego se alzaron mezquitas o delirantes catedrales.

Juan García Larrondo en el estrecho de Gibraltar
Adoro todas sus fértiles tierras de sarmientos y sus atalayas serranas, sus marismas, su fauna, su Arte, su sal y su bruma amarga; su caprichosa geografía llena de contrastes y su fabuloso mundo submarino donde -no se lo digáis a nadie- yacen escondidas en secreto las arterias de la Atlántida. Adoro Cádiz porque es ombligo del mundo, puerta y, a la vez, dramática trampa también para navegantes del triste sino y tiempo en que vivimos, condenado a la esperanza. Justo ahí, cerca del faro de Punta Carnero y de cala Blanca, entre Tarifa y Algeciras, donde ni los delfines ni las aves entienden de fronteras y de noche cantan las sirenas, hay una tierra de nadie desde la que se divisa todo el estrecho de Gibraltar y la unión de dos grandes mares y dos grandes continentes. Ese "Ponto Euxino", esa ósmosis atávica del planeta, ese principio y final del mismo Mundo donde los puntos cardinales enloquecen a las brújulas, ese es justo el lugar, la idea, el verbo donde entiendo las múltiples razones, e incluso las sinrazones, por las que adoro y comprendo el variopinto universo que se encierra y se derrama cada vez que susurro la palabra "Cádiz", con la voz y la marea siempre bajas..."

Juan García Larrondo en Punta Carnero (Algeciras) 2014.

PARA LEER ARTÍCULO EN WEB "LA VOZ DE CÁDIZ"

PARA VER NÓTULA EN "GENTE DEL PUERTO"


miércoles, 15 de noviembre de 2017

MAPAMVNDI



Arrastra este cuerpo celeste, con su inercia, una larga calamidad de pequeñas geografías y, quienes las dibujamos, los hombres, una irrisoria gravedad que nos mantiene siempre atados a la tierra, aunque, no siempre exclusivamente por los pies. Habitan en este minúsculo puntito del Universo también algunos seres que parecen, si no atraídos, sí que engrillados por sus ideas al servicio de una causa territorial, a la veneración de una lengua, de una deidad indistinguible o a los contornos de una ridícula línea a la que, para entendernos, pusímosle el nombre de frontera. Arrostra este planeta con sus moradores una larga estela de sangre en el nombre de las patrioterías y sus credos y, es tan inútil ya ese dolor derramado, tan exasperante, que acabará por desubicarnos como individuos, convirtiéndonos en símbolos de nada, en ciudadanos de la necedad.

El conjunto multiforme que llamamos Europa está nuevamente trashumando y huyendo de sus íntimas vorágines mientras, desde las periferias, masas humanas aún más desesperadas que nosotros se desgarran o se ahogan por alcanzar el refugio de una tierra firme que ya es incapaz de sostenerse enhiesta. Occidente se hunde de vergüenza ajena, fallece de éxito, incapaz de poner en práctica los valores que en su día nos hicieron paladines de la Historia. Nos ciegan los espejos, nos fallan los pilares, se tergiversan las verdades y hemos acabado siendo tan iguales en lo peor que ningún dios ya nos distingue. Sin embargo, qué empeño pertinaz en subrayar cuán diferentes nos creemos y con qué facilidad nos entregamos a fútiles pleitos, a díscolos parabolanos o a enarbolar banderas que, al final, no son más que harapos o mortajas. Por enésima vez, un arrebato de insolidarios “nacionalismos” recorre el planeta enfrentando a los hombres en una absurda y atávica contienda sin solución. Al final, dará igual que la Historia la escriban los vencidos o los vencedores: el dolor no podrá jamás compensarse; ni la destrucción, ni las vidas, ni los hogares arrebatados podrán ser restituidos. Y todo por una denominación de origen.

La pandemia se repite y extiende más cerca de lo que pensamos. Los que están matando y muriendo en Alepo, en las riberas del Mediterráneo o al pie de nuestras puertas blindadas de cuchillas somos también nosotros como especie. El perfil que suelen presentar los fundamentalistas de las nacionalidades es bastante similar en toda la superficie rotulada de líneas y colores de este agonizante Atlas.

Aquí, en nuestro país, también se mató y se volverá a matar en el nombre de una supuesta “independencia del otro” que es tan utópica como engañosa. En cualquier lugar del mundo, las cartografías que estudiábamos de niños, tienden a mudarse, a aventurarse ante el incierto porvenir, pues también la Tierra es un ser vivo que se arruga y deteriora al envejecer. En realidad todo es lógica deriva y encierra sus peculiaridades, naturalmente.



Cada caso o guerra santa se creerá que responde a unos -más o menos coherentes- aspectos históricos, étnicos y, en el fondo, siempre económicos, que justifican la lucha y la defensa de las “regiones” que queramos inventar. Soterrados, laten muchos problemas de convivencia, egoísmos, manipulación, populismos, demagogias, soberbias ancestrales e injusticias acumuladas que nos son inherentes y que, como las heces de los animales, marcan y definen los territorios que habitamos o reivindicamos como propios.

Lo verdaderamente lamentable es que, a estas alturas, aún nos comportemos como manadas y no hayamos conseguido superar esta injusta gravedad mental. En lugar de disfrutar de esta breve existencia compartiendo nuestras diferencias, nuestras múltiples culturas y esta maravillosa diversidad que nos embellece, nos empeñamos en hacer de nuestras desigualdades un ancho muro, un laberinto imposible de salvar. Es inconcebible que no hayamos aprendido todavía a sobrevivir en comunidad. Al final de esta cadena no hay ninguna libertad, sino la más oscura de las soledades y, tirando todos a la vez de ella en sentidos opuestos, volveremos a ser eslabones rotos y perdidos.

Cambien si quieren los nombres, los motivos, los gobiernos e incluso los dioses, pero la única frontera digna de ser levantada, defendida e, incluso, amada, es la que recubre nuestra piel. El ocaso de esta travesía es una incógnita ineludible para todos. Pero no guarden dudas al respecto: la única certeza es que se muere por igual en cualquier tiempo y también en cualquier lengua y, allá dónde sea, uno morirá sobre un planeta por el mero hecho de estar vivo. Esta es la única ciudadanía que, hasta el momento nos iguala y no podemos arrebatar. Y desde que se obtiene al nacer, la única patria prometida que nos pertenece y a la que, de una manera u otra, inevitablemente volveremos.

"Mapamvndi". Publicado en diciembre de 2016 en revista on line "El Tercer Puente", nº 19.

PARA VER ARTÍCULO EN PUBLICACIÓN ORIGINAL PULSAR AQUÍ.

viernes, 31 de mayo de 2013

UN AÑO SIN FAELO ESTEBAN POULLET

Pasan los días, las circunstancias, los anhelos incumplidos, los inesperados... Pasan las injusticias, las hipócritas efemérides. Cada día es un fin del mundo, cada amanecer un bucle y un espejismo de la resurrección. Mañana hace un año que todos a quienes nos importabas morimos un poco contigo, amigo Rafael. Pero no es verdad. El único que se marchó, me cuesta creer que a un lugar mejor, fuiste tú. Los demás asistimos impávidos a tu funeral católico (cuando morimos ya no respetan nuestros deseos). En un estado laico y políticamente correcto, no hay lugar para llorar a nuestros muertos siguiendo otros ritos paganos. Hay hornos crematorios que son mucho más rápidos y eficientes que las piras funerarias. No hay tiempo ni energía ni ocasión para apostatar, ni siquiera en el último momento. Quienes te conocíamos asistimos perplejos cómo te despedíamos siguiendo rituales y protocolos en los que ni tú ni muchos otros creíamos. Se hace de buena fe, naturalmente. Pero qué lástima no poder haberte honrado como sé que tú hubieras preferido. No obstante, en la intimidad de nuestras almas, aún podemos seguir queriéndote y respetándote como quién realmente eras. Yo guardo tus manuscritos, esos subversivos que te hacían tan especial y tan cómplice de mis propias rebeldías. Guardo aquel prólogo tan magnánimo que me escribiste en la primera edición del "Teatro de la Memoria". Guardo el original de "El discípulo amado", ese guión imposible que el cineasta Barrachina llevó al cine desposeyéndolo de toda su grandeza y convirtiéndolo en un intragable "belén viviente". Tengo tus piedras, esas que me traías de Tebas, de Palmira, de Grecia o de Villa Adriana y que me regalabas, tras tus viajes, por que sabías lo que para mí significaban. Tengo tu cuadro de San Sergio y San Baco abrazados, que simbolizaba todo cuánto creíamos y todo cuánto nos han ocultado, tus postales, tus fotos... Los ratos pasados juntos en "Rosa del Mar", frente al océano, riéndonos de felonías vaticanas milenarias o de cosas mucho más trascendentales.
 
Rafael Esteban Poullet y Juan García Larrondo en "Rosa del Mar", El Puerto. Año 2002.
 
...Ratos pasados y compartidos con amigos comunes: poetas, locos, visionarios, gente que gritamos para ser escuchada y que no pasaremos de esta efímera gloria. Tu sí. ¿Sabes que le han puesto tu nombre a la Biblioteca donde trabajo? Han colocado unos bellos versos tuyos junto al ascensor y, cada vez que entro para seguir construyendo la pirámide, me acuerdo aún más de ti y de las veces que ibas a visitarme y a pedirme libros extraños.
 
Te echo de menos, Faelo. Añoro tu lucidez, tu culto humor. Añoro las veces que me instabas a acabar esa "novela" que se suponía iba a revolucionar el mundo y que, ya ves, jamás acabo y jamás escandalizará a un mundo donde la gente ya no se escandaliza de las verdades, si no de lo que le marcan los rotativos de un periódico o las éticas de turno. Terminé de construir mi "Andreion", ¿sabes? A los pocos días de tu muerte, en mi jardín, ya había un trocito donde evocar tiempos mejores y colores pompeyanos. ¡Cómo me hubiese gustado compartir un vino contigo en los triclinios! A la sombra de Hércules, Zeus, Aquiles, Patroclo o nuestro admirado Adriano...
 
 
"El Andreion" de la casa del escritor García Larrondo
 
Te echo tanto de menos... En un año he descendido a sitios tristes. He vivido la marcha, tan injusta, tan inesperada, de otros amigos. He revivido el amor y el Dios Amor me ha castigado destruyendo la poca ilusión que me quedaba, ya de por sí arruinada. No se acabó el mundo el año en que te fuiste. Se está muriendo todos los días. Es como morir, resucitar y haber perdido la memoria, ignorando que horas después vamos a morir de nuevo. No sé si estás mejor donde estás ahora. Yo sigo pensando, un año después, que sigues en el Elíseo, esperándome, esperando a todos los que te quisimos. Que estás acompañado de Quirón, de Sócrates, de Plutarco y del mismísimo Jesús con su discípulo amancebado, dándote la razón, dándole oficialidad a tu evangelio de historias de amor que jamás quisieron ser contadas y diciéndote que no eras tú el equivocado.
 
Me gustaría explicarte tantas cosas... Me gustaría tanto que aún estuvieras entre nosotros que lo único que puedo sostener es una llama simbólica en tu memoria. La misma en la que quiero arder un día, junto a tu túmulo y tu pira, con tus armas y tus manes, y mezclarme con tus cenizas como solían hacer con los cuerpos muertos de los camaradas que perecían noblemente en las batallas.
 
Esta noche encenderé una vela en el andreion en tu memoria. Y me emborracharé, para olvidarme de lo larga y triste que es la vida desde que te marchaste y de la pobreza intelectual y espiritual en la que nos has abandonado. ¡Por ti, Faelo! ¡Salve!



Rafael Esteban Poullet en "Rosa del Mar", antigua casa del escritor Juan García Larrondo. Año 2002.



A continuación se reproduce el artículo que Juan García Larrondo escribió tras la muerte de Rafael Esteban Pollet y que se publicó en el Diario de Cádiz el día posterior a su fallecimiento.



ANACREONTE EN EL ELÍSEO

 
 
Querido arcángel Faelo:

Se acabó por fin este injusto exilio, similar al de tu admirado poeta Anacreonte al que de forma tan ubérrima y apócrifa nos evocaste en uno de tus libros. Concluyó la espera. Te has marchado, solo en parte, para regresar al lugar que te pertenece en el Elíseo, a ese paraíso de otros tiempos más nobles y elevados, donde la belleza de las almas y los cuerpos aún podían conciliar a los hombres con sus luces y sus sombras. Has decidido abandonar la melancolía constante, el sempiterno anhelo de la que en verdad fue siempre tu tierra amada y a la que solo se regresa atravesando estigias aguas. Te imagino lúcido, pícaramente displicente, luminoso silvano atravesando atrios y salas decoradas con mosaicos y frescos mitológicos. Te vislumbro aposentándote entre tus semejantes, en plácido simposio donde no habrá de faltarte ya más nunca ni el placer de un buen vino ni el calor de un joven afecto, a la lumbre de iniciáticos ritos, platicando sofismas o recordando aventuras de algún héroe mítico cuyos amores le abocaron a entregar la vida en la batalla o en algún túmulo próximo al Gólgota. Has regresado a casa, al andreion donde sueños, tiempos y quimeras cobran finalmente el sentido y el lugar en el que todo encaja y corresponde. Eras Anacreonte en el exilio, y ahora yaces en el Elíseo, levantando arquitecturas que en tu cuerpo de mortal eran imposibles, elevando discursos que en nuestras mentes de esta caduca Europa, en vez de líricas, sonaban a incorrectas, a fantasiosas, a obsoletas… ¡En qué pobreza nos dejas y en qué momento donde tanta falta nos hacen mentes preclaras como la tuya!

Mi querido arcángel Faelo. Al igual que para el amor, nunca hay palabras suficientes para definir la muerte: ese tránsito que a todos nos aguarda. Me dejas… Nos dejas a todos cuantos te quisimos y te querremos siempre con una sensación de vacío y de desamparo tremendamente dolorosa. Por eso me empeño en imaginarte en ese paraíso heleno que sé que apreciabas y añorabas tanto. Nos dejas huérfanos de tu versatilidad, de tu inteligencia, de tu inmenso talento como artista y como creador, de tus colages y de tu máquina de escribir versos maravillosos… pero sobre todo, nos dejas rotos por tu ausencia. Nos queda tu obra, sí, menos mal, pero inexplicablemente inédita en gran parte. Nos queda tu recuerdo, tu complicidad y el orgullo de haber compartido contigo una parte de tu fructífera existencia. Allá donde estés, resérvame un lugar junto a tu triclinio y ayúdame a encontrar tu luz cuando me llegue a mi también la hora de abandonar este exilio en el que me has dejado y en el que tanto me enseñaste. Te despido citando tus propias palabras: “Ahora que el dios está contigo, que la gracia te llena y magnifica, no te niegues al beso y a la caricia, y embriagado del néctar de Dioniso, entrégate en los brazos que te plazca”.

            Que la tierra te sea leve, amigo mío, y que volvamos a vernos donde los dioses se encaprichen en citarnos, aunque sea en otro exilio o más allá de las últimas estrellas.

            JUAN GARCÍA LARRONDO
            Siglo XXI después de Augusto.


Para ver el articulo completo en Diario de Cádiz PULSAR AQUI

Otras noticias relacionadas:

PULSAR AQUI

PULSAR AQUI


PALABRAS DE OTRO DIOS
 
(Reseña al libro "Yo, Juan, el Discípulo amado" de Rafael Esteban Poullet, publicada en el Boletín Cultural de El Puerto, en febrero de 2007)
 

Creo que era Jesús quien decía algo parecido a que toda verdad era un escándalo o, al menos, debía anhelar serlo. Acto seguido me pregunto qué sería exactamente lo que Jesús dijo o dejó de decir (si es que existió la persona o el personaje histórico) y, sobre todo, cómo podríamos discernir de sus hazañas o palabras aquellas que fueron verdaderas de las otras que, con el paso de los siglos, han sido y siguen siendo hoy tergiversadas, manipuladas o mantenidas oficiosamente por la patrística como ciertas. En todo caso, el evangelio que esta novela de Rafael Esteban Poullet nos relata en primera persona -con la voz de un discípulo ambiguamente amado y alevosamente silenciado como Juan de Betsaida- puede ya ser considerado tan verosímil y sagrado como todos los demás, pues todos, gnósticos o heterodoxos, escondidos o reeditados en miles de ocasiones, todos son invenciones de unos hombres que, cada uno a su manera y al servicio de sus causas, imaginaron o recrearon las palabras de su dios y nos las legaron para que las desoyéramos o para que las orásemos en multitudinarias homilías. “Yo Juan, el discípulo amado” es una remembranza tan ficticia y tan plausible como cualquier otro de los textos bíblicos: escrita a la manera de los arcaicos cronistas de visiones, con esqueleto orgánico de guión cinematográfico casi imposible, crónica exhaustiva de investigación que no persigue ser novela histórica pero que acaba pareciéndolo y siendo, además, algo distinto. Tan distinto y tan revelador que profundiza en los sentimientos más humanos de Jesús, uno de los iconos más fascinantes y más influyentes de nuestra civilización hasta rozar, según quiénes, la blasfemia y, según otros, ensalzar la historia de unos besos y de un amor callados o, “jamás contados” como precisaría el autor. No es esta una obra apta para fundamentalistas, ni para aquellos que se rasgaron las vestiduras tras la publicación de “El Código Da Vinci”, ni tampoco para hierofantes de verdades absolutas. Tampoco es una hipótesis. Es, si me apuran, uno de los evangelios que faltaban y, en cualquier caso, el aliento de un hombre que, como todos los demás, necesita oír el nombre de su amor y de su sueño pronunciados por las palabras de otro dios. Para tolerantes, exégesis y hermenéutica absolutamente recomendadas.

Juan García Larrondo
Febrero 2007

domingo, 28 de agosto de 2011

EN MI MOLESTA OPINIÓN: SECUELAS, PRECUELAS Y OTRAS PARAMNESIAS



Vivimos tiempos dichosos para la ficción (televisiva, cinematográfica, literaria, incluso religiosa…). Y eso que la realidad siempre puede ser mejor o peor que cualquier cosa que podamos inventar. Pero nos hemos hecho comodones y todos necesitamos “desconectar”, evadirnos o dejar volar nuestro pensamiento al hilo de una buena historia, una bella narración o el más onírico de nuestros sueños. Y, visto el vértigo y la incertidumbre que nos atenazan, todo cuanto valga para anestesiarnos o para hacernos más transitable este valle de lágrimas siempre habrá de ser celebrado y bienvenido. Aunque no todo nos ha de valer ni tenemos por qué tomárnoslo a pies juntillas. Nunca se crean del todo las palabras escritas o dictadas por los hombres, ni den ciego crédito a nuestros periódicos, a nuestros telediarios, a nuestros líderes religiosos o políticos, ni a nuestros más ínclitos escritores, especialmente si son líderes de ventas en libros de autoayuda. Sea mediante el género que sea, jamás olviden que todo mensaje que se emite responde a una intención, y no siempre con fines loables ni para obsequiarnos con inocuos entretenimientos. No es que deba convertirse uno en descreído o volverse sordo a las señales de su entorno. Nada más lejos. Lo que debemos procurar es no perder nunca el criterio, la curiosidad por el conocimiento y la intuición aerodinámica de que todo es según depende del cristal del que se mire o nos quieran hacer mirar. Por que, al fin y al cabo, casi todo lo que sabemos, aprendemos o desvelamos hace ya siglos que se descubrió o seguro que fue vislumbrado por algún griego o algún sabio del sudeste asiático en otras eras protohistóricas. Apenas inventamos nada nuevo y, desde que la imagen, las ideas y las palabras pueden ser conservadas en todo tipo de soportes fácilmente accesibles y, gracias también a que nuestra creciente longevidad permite que los relevos generacionales abarquen más años de vida y de memoria, la sensación de que nuestra inventiva ha tocado techo (o fondo) resulta (desoladoramente) cada vez más evidente. Lo que antes era sorprendente “déjà vu”, se ha convertido hoy en un negocio floreciente. En lugar de imaginar o crear mundos nuevos, preferimos resucitar, refundir, versionar, recrear o, incluso, copiar o plagiar descaradamente otros que ya fueron inventados, y no necesariamente para describírnoslos con mayor acierto o de una manera más bella. Le duela a quien le duela, menos mal que la bendita SGAE sigue velando por nosotros, los creadores, porque los genios parecen extinguirse paralelamente a la originalidad y alguien tiene que poner orden en este mercadeo y darle a cada cual el mérito que le pertenece, ¿no? El cine apuesta por lo seguro y las secuelas, las precuelas y las nuevas versiones de títulos clásicos cada vez son más frecuentes. A la música y las Artes Plásticas les pasa tres cuartos de lo mismo. Y, en la literatura, mejor me muerdo la lengua, porque yo mismo acabo de “adaptar” para estrenar en breve “El estado de sitio” de Camus, obra de 1948 cuyo argumento, aunque me esté feo el justificarlo, al menos vuelve a estar de “rabiosa actualidad”. Pero eso no es excusa. No entiendo cómo, en pleno apogeo del “revival”, este verano no hayamos tenido una canción oficial con la que podernos descoyuntar. Ni siquiera el último “remix” de la Carrá lo ha conseguido. Y eso que “Far L´Amore” es casi lo primero que los humanos llegamos a inventar, ¿no? Bueno: eso, o el huevo, pues siempre dependerá de quién y cómo se lo cuenten y de la versión que al final se quiera uno quedar.


Publicado en suplemento "Pasarela de verano". Periódicos Grupos Joly. 28 agosto 2011.

domingo, 21 de agosto de 2011

EN MI MOLESTA OPINIÓN: MAGNÍFICAT



Ante la apoteosis cristiana que vivimos estos días con la celebración del JMJ y la visita del Papa, no me queda más opción que rendirme y hacer acto de contrición. Es tanta la vehemencia mariana con que los medios de comunicación nos relatan los actos del encuentro, tan entrañables las estampas que nos retransmiten de esos jóvenes a los que vemos por televisión, tan lozanos y rebosantes de optimismo que, emocionado, hasta a punto he estado de derramar “una furtiva lágrima”. Pido perdón a mis fans más fundamentalistas, pero lo digo totalmente en serio. De hecho, hasta he sentido sana envidia de esa euforia y esa alegría que desprenden, de esa fe, de ese convencimiento y esa bendita abnegación carente de complejos. Yo, que me formé entre Jesuitas y recibí una férrea educación católica, confieso que, a esas edades, incluso más jovencito, era ya un triste existencialista que rehusaba de catecismos, de misas y que prefería la condena eterna antes que tener que comulgarme. Más tarde, ya convertido en rebelde adolescente martirizado por el acné y otros conflictos más terrenales que espirituales, me resistí a soportar la carga de ningún pecado original ni el remordimiento de haber sido cómplice de crucificar a ningún supuesto nazareno. Caí precipitado, cual ángel luciferino, directamente al ostracismo de los ateos y los agnósticos y, desde entonces, malvivo sobrellevando como puedo mis dudas, mis escasísimas certezas y mi hedónico paganismo con mis visitas clandestinas a Santa Rita para suplicarle deseos imposibles. Veo ahora a esos jóvenes creyentes, tan ufanos, y no puedo evitar sentir cierta tristeza de no haber experimentado nunca algo parecido. Sin duda, mi vida habría sido más fácil si hubiese tenido la más mínima certidumbre de la existencia de Dios, si en lugar de a temerlo, me hubiesen enseñado a comprenderlo y a no sentirlo opuesto a mi naturaleza. Me habría sido de gran consuelo confiar en la resurrección y en la posibilidad de un Cielo de hombres justos. Pero, lamentablemente, no pude creerme nada de todo eso. Me queda la esperanza de que, si es cierto que Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza, imagino que en la Bóveda Celestial habrá un apartado también para los laicos “buenos”. Y si yerro, como aquí no te exigen permanencia, siempre tendrá uno la oportunidad de arrepentirse en el último momento, ¿no? Al fin, con tantas ventajas y tanta epifanía vaticana, cualquier día de estos me vuelvo al redil, fíjense lo que les digo.


Publicado en suplemento "Pasarela de Verano". Periódicos Grupo Joly. 21 agosto 2011

domingo, 14 de agosto de 2011

EN MI MOLESTA OPINIÓN: LA ASUNCIÓN Y LAS PERSEIDAS



Mira uno hacia arriba aguardando ver cómo los cielos nocturnos de verano se vuelven a engalanar de farolillos, de fuegos de artificio y de fugaces perseidas en espectacular lluvia de lágrimas de San Lorenzo hacia las que lanzar algún que otro deseo. Eleva uno los ojos hacia el firmamento para soñar con noches de verbenas y aromas estivales, ocasos inolvidables o para alcanzar a ver, si fuere posible, los bajos de alguna que otra Virgen assumpta ascendiendo hacia las Alturas Celestiales por no se sabe qué místicas inercias pero, dependiendo desde dónde otee uno el panorama de este agosto, lo único que parece alzarse hacia el infinito (“y más allá”, como diría el astronauta de Toy Story) son los índices de inquietud económica y, surrealismos de la vida, la popularidad de la excuñada de la Jurado, repentinamente transmutada en paladina de cincuentonas aventureras con ansias emancipadoras gracias, cómo no, a otro de esos realities de la tele tan pródigos en regalarnos otro subgénero de estrellas fugaces mucho menos hermosas. Por lo demás, nuestras bolsas, nuestros mercados y nuestros peculios se precipitan al abismo con alarmante celeridad, arrastrados también por otra suerte de magia gravitatoria y conjunciones astrales incomprensibles a la mayoría de las personas para -¡Oh, portento!- volver a subir inesperadamente al son de que las sane o las hunda en la miseria cualquier agencia de “rating” de esas que ahora nos lo califican todo. Ya sea por asunción o por descendimiento, está claro que alguien se está enriqueciendo con todo este zarandeo macroeconómico que, por cómo hiede, tiene aún muy mal pronóstico. De momento, el ferragosto italiano y nuestro patrio “puente de la Virgen” están momentáneamente a salvo. Los galos, por si acaso, ya han puesto sus barbas a remojar y en Londres, como en el resto del mundo, todavía siguen preguntándose qué demonios pasa para que algunos se acaben comportando como bárbaros ultra-consumistas sin valores y sin causa.
Mira uno hacia arriba buscando desesperadamente una estrella fugaz a la que suplicar un milagro o la llegada de un alien (ya sea vaquero o del espacio) que nos devuelva la esperanza y resulta que, mira tú por dónde, hay noches de agosto que la única asunción que uno acierta a ver está cubierta por amenazantes nubarrones. Y eso que viene el Papa a interceder por nuestras almas…



Publicado en "Pasarela de Verano". Periódicos Grupo Joly. 14 agosto 2011.

lunes, 8 de agosto de 2011

EN MI MOLESTA OPINIÓN: ESTRÉS VOCACIONAL



No hay manera. Se lleva uno todo el año ansiando la llegada de las vacaciones, incluso contando días cual presidiario que dibuja palitos en la pared de su celda como peculiar cuenta atrás ante la liberación de su condena. Se hace uno todo tipo de promesas y propósitos que cumplir durante los días de ocio que le esperan: “no cogeré el teléfono”, “haré deporte”, “llamaré a los amigos que tengo abandonados”, “me levantaré a las tantas”, “perderé el tiempo tontamente”, etc… pero, nada, al final, suele ocurrir que todas las buenas intenciones se vuelven a quedar sin cumplir un año más, que las vacaciones se pasan demasiado rápidas y que, todo ese maldito estrés en el que más del 60 % de la población activa sobrevivimos el resto del año, no ha desaparecido del todo. Al contrario, como una rémora, los ecos de los problemas laborales nos siguen mordisqueando el pensamiento durante las que deberían ser plácidas siestas estivales, seguimos abriendo nuestros correos electrónicos con querencia y repasando las llamadas como si fuésemos adictos, como si el mundo fuese incapaz de proseguir sin nosotros; y el lastre de lo que dejamos pendiente y, sobre todo, de lo que nos espera y de lo que prometimos hacer y nunca hicimos, nos ahoga en plena tarde de playa y de remordimientos. Lo dicho: no hay manera de romper el ritmo. No sabemos distribuirnos las tareas en el tiempo ni distinguir el asueto de las obligaciones. Pasan los momentos y los trenes, vertiginosos. Los últimos días antes de regresar al tajo se convierten en melancólicos e interminables domingos por la tarde. Y, por si fuera poco, encima, en pleno estío, cuando más indefensos estamos, nos adelantan las elecciones generales, el Ibex sufre la mayor caída del año, las agencias nos atenazan con noticias apocalípticas sobre la “prima de riesgo” (o lo que quiera Dios que sea esa nueva catástrofe), el 15-M se evapora y en la tele le renuevan contrato a Jorge Javier Vázquez, con todo el horror que ello evidencia y significa. Total, que se pasan las vacaciones volando y, tal y como está el patio, hasta acaba uno volviendo al trabajo dando gracias por tener un empleo con el que seguir estresándose y agarrándose a la silla –el que la tuviere- por si acaso vienen “curvas” aún peores y nos acaban recortando los días de permiso. ¡Así no hay quién se relaje!


Publicado en suplemento "Pasarela de Verano". Diarios Grupo Joly. 7 agosto 2011.

EN MI MOLESTA OPINIÓN: A LA RICA ANIMALADA VERANIEGA



Con la llegada del verano proliferan por nuestros pueblos los festejos que incluyen, con el beneplácito de las autoridades, la tortura o el maltrato de numerosos animales. Cual “ruta del bacalao”, quienes disfruten de estas “festividades” pueden recorrer España de punta a rabo sin dejar de regocijarse en el sufrimiento animal ni tener por qué avergonzarse de participar, disfrutar o, incluso, de pagar para contemplarlo, pues para ello somos vanguardia de la cadena evolutiva, reyes de la selva y, algunas de estas fiestas -que forman parte de nuestro acervo folklórico- son consideradas atracciones turísticamente muy rentables, especialmente si tienen al pobre toro como agónico protagonista. Así, desde el Toro de Tordesillas al de Coria o hasta cualquier corrida que se celebre en alguno de nuestros cosos taurinos, la crueldad animal como espectáculo no conoce límites. (Eso por no mencionar otras carnicerías semejantes que se acometen a todo tipo de animales vivos a lo ancho de nuestra geografía). Si a eso le añadimos que, a excepción del excéntrico Noé, nuestra atávica relación con los bichitos siempre les ha perjudicado más a ellos, no sé hasta qué punto somos nosotros, de entre las bestias, la especie más agresiva y destructiva. No siempre es o ha sido así, naturalmente; ni tampoco todas las matanzas son igualmente comparables. Aún es pronto para convertirnos en veganos fundamentalistas pero, a estas alturas de la Historia, ya no se concibe que nuestro trato hacia los animales siga siendo tan dolorosamente inhumano y no se impongan leyes más severas para impedir que, ciertas masacres o conductas se disfracen de cultura, de arte o se justifiquen en milenarias tradiciones o en requisito para la supervivencia o el avance de la ciencia. Los animales tienen el mismo derecho que nosotros a compartir las beldades de esta Tierra. Ellos también están en su casa e, incluso algunos, sin contar los que hemos extinguido, ya lo estaban desde mucho antes que nosotros. Su destino va unido al nuestro, irremediablemente, ya sea como mascotas, como herramientas, como quimeras o como sustento indispensable. Pero mientras que no les respetemos y aprendamos a convivir con ellos en justos equilibrios, no pasaremos de simples matarifes domesticadores y, el hecho de poseer un alma o una inteligencia capaz de levantar pirámides, bellos versos o algoritmos, no nos hará ni superiores ni más dignos ni nos autoriza a mortificarlos a nuestro antojo. Ahora, eso sí: Luego ni saques al perro a dar una vuelta por la playa porque, encima, puede que hasta te pongan una multa. ¡Animalitos!

Publicado en suplemento "Pasarela de Verano". Diarios del Grupo Joly. 31 julio 2011.

EN MI MOLESTA OPINIÓN: TELECOPROFAGIA "DE LUXE"

Lo confieso: Yo, si no sale Jorge Javier Vázquez en pantalla, no veo la televisión. Y conste que no es porque le profese adoración o le considere un presentador modélico: Nada más lejos. Es más bien por la cantidad de horas que protagoniza en el emporio que lo amamanta y lo ha convertido en el “rey de la televisión espectáculo”, como suelen vanagloriarse al presentárnoslo cada vez que sale “a escena”. Bromas aparte, (espero que nadie haya creído en serio que soy ferviente “groupie” de este señor) admito que hay algo de este personaje que me irrita: no sé si será hasta insana envidia, fíjense. Envidia de su omnipotencia, de su status intocable y de su sueldo, naturalmente, que no de su talento como comunicador ni de su cada día más creciente ego, que pugna por estallarle en cualquier momento entre los botones de su camisa; en vivo y en directo, por supuesto. Supongo que debe ser una mezcolanza de motivos: su voz, su histriónica carcajada, lo que su figura simboliza en la prensa rosa, fagocitadora de vísceras y miserias ajenas (¡Y de las propias!)… No sé. Como ellos se las guisan y ellos se las comen delante de las cámaras y lo hacen a boca llena y manchándose las comisuras, como hienas con sus carroñas, sin pudor alguno, será que nada de él ni del mundillo pseudoperiodístico y soez que le rodea me parece ni sano ni creíble. No me va la coprofagia. En algunos programas de televisión, hoy los mediocres pueden ser todopoderosos dioses y, ciertas cadenas, si por algo pasan a la historia televisiva, será por haberse enriquecido a costa de ensalzar y fabricar a medida programas donde lo procaz, lo polémico, lo vulgar y lo estentóreo les han procurado audiencias astronómicas. Es el milagro de la telebasura, que se extiende y muta como un virus hasta sobrevivir e invadirlo todo con su bífida moral, anestesiando nuestra capacidad crítica y solapándose en frívolo entretenimiento inocuo. ¡Ojo!: Que, encima, pasado mañana todo esto también será cultura. La televisión sin rumbo se ha convertido en el reflejo y el motor de un mundo desorientado, raso de valores y ahíto de informaciones. Ni Jorge Javier, ni la Esteban, ni los “realities” interminables proveedores de carnaza para tertulianos y audiencias voraces tienen la culpa de los tiempos que vivimos ni de la tele que nos ponen, probablemente. Pero tampoco son menos inocentes que quienes les miramos, atónitos, sin poder volatilizarlos desde el mando a distancia. Y mira que no es por falta de ganas…


Publicado en "Pasarela de Verano". Suplemento Diarios Grupo Joly. 24 julio 2011.



EN MI MOLESTA OPINIÓN: EL ORGULLO DE "SERGEI"



Otro veranito más se han celebrado por las principales urbes del planeta (y puede que también por los extremos de todo el Universo) los fastos en conmemoración del Día del Orgullo Gay. Con pompa, justificadas reivindicaciones que convienen ser habitualmente recordadas y con algún que otro tópico, por lo visto, inevitable. Siempre es digno de alabanza cuanto se haga en defensa de la libertad de orientación sexual y siempre es loable recordar, también, todo cuanto otros hicieron antes por alcanzarla. Lo digo a colación de un magnífico documental que pudo verse en televisión hace unos días en el que se destacaba el papel pionero que en la ciudad de Torremolinos se jugó en pro de la visibilidad gay –amparado por el auge del turismo- desde los años duros del franquismo hasta bien entrados los ochenta. Todo cuanto allí sucedió se me antoja casi tan heroico y digno de rememorarse como los acontecimientos ocurridos en 1969 en torno al famoso bar neoryorkino llamado “Stonewall”, cuyo aniversario marca el calendario para este tipo de conmemoraciones. Lo que se “vivió” en Torremolinos fue totalmente diferente, naturalmente, pero también debería ser enseñado en las escuelas como parte de una Historia que los andaluces tendríamos derecho a conocer para poder sentirnos orgullosos. Orgullosos porque, al menos, durante unos breves años y pese a las adversidades de la época, aquella pequeña ciudad andaluza en pleno desarrollo turístico, con sus anhelos libertarios, supuso un revulsivo moral para el régimen y, con su abanico de plumas, dio un aire fresco de tolerancia al Mundo. Un ejemplo cuyo testigo, sin duda, con el tiempo y la llegada de la democracia, han ido recogiendo luego otros barrios y lugares españoles que hoy son reconocidos iconos internacionales de “la causa”. Vaya desde aquí nuestro homenaje a todos aquellos empresarios, locales, antros, a todas aquellas locuras e instituciones que, desde su burbuja, contribuyeron a convertir en realidad una parte del mito. Y, por supuesto, a todas aquellas personas que, de una manera u otra, lo protagonizaron. Gracias a ellas y a ellos, hoy muchos pueden dar al amor el nombre que más quieren y gritarlo libremente, tanto en festivo orgullo como en íntimo silencio.



Publicado en "Pasarela de Verano". Diarios del Grupo Joly. 17 julio 2011